La detención de Nicolás Maduro a inicios de este año no puede entenderse de manera aislada como un simple cambio de régimen o un mero episodio de intervención geopolítica regional. Para comprender la verdadera profundidad de la crisis venezolana, resulta indispensable fracturar la superficie del relato mediático hegemónico y ensayar una lectura materialista desde la crítica de la economía política.
El destino contemporáneo de Venezuela se juega en la contradicción subyacente entre las promesas redistributivas del Estado rentista y las leyes coercitivas de la acumulación global de capital. Al analizar la trayectoria de largo aliento del país, queda en evidencia cómo el aparato estatal operó históricamente como la contraparte necesaria para el funcionamiento del mercado, una estructura cuya base de financiamiento terminó por colapsar ante la dinámica implacable de la forma-valor.
La génesis de este proceso de largo plazo se localiza en la configuración del pozo petrolero como el eje fundamental de la subjetividad nacional durante el siglo XX. A partir de la mítica perforación del pozo Zumaque I en 1914, bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez, el hidrocarburo dejó de ser una simple mercancía subalterna para transformarse en el cimiento material y simbólico de la cohesión social.
Tras un siglo XIX desgarrado por más de un centenar de guerras civiles, golpes y revoluciones destructivas, el petróleo funcionó como el factor definitivo para la consolidación del sistema político centralizado. La riqueza del subsuelo moldeó una ilusión de abundancia inagotable que subordinó la subjetividad de las masas al arbitrio de la distribución estatal, gestando un fetiche fundacional.
La aparente estabilidad institucional alcanzada con el Pacto de Punto Fijo en 1958 y la subsecuente nacionalización petrolera de 1976 profundizaron este modelo histórico de subordinación social y económica. Al absorber el Estado cerca del 85% de las exportaciones totales del país, el poder público asumió formalmente el rol de mediador universal, utilizando la renta para contener las tensiones de clase latentes y aislar a las expresiones políticas más radicales.
Sin embargo, esta soberanía económica mistificada ocultaba una dependencia estructural irresoluble respecto a las categorías básicas del capitalismo mundial. La estatización de la industria no implicó de ninguna manera una superación de la lógica de la mercancía, sino la absorción gubernamental de un proceso de valorización que dependía por completo de las transferencias de la masa de valor global.
El violento viraje crítico de la década de 1980 expuso de forma cruda los límites insalvables de esta arquitectura frente al desplome de los precios internacionales del crudo. Las reformas de ajuste estructural impulsadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez bajo la tutela directa del Fondo Monetario Internacional detonaron la insurrección espontánea del Caracazo en 1989. Este quiebre social agudo anticipó los levantamientos militares de 1992 y el consecuente arresto de Hugo Chávez.
Desde la perspectiva de la crítica del valor, estos fenómenos expresan la imposibilidad orgánica del Estado para sostener la forma-valor cuando la automatización de los procesos productivos y la crisis de valorización merman la masa de valor global, privando al Estado de su sustento financiero.
Lo que surge como proyecto bolivariano intentó canalizar este descontento estructural mediante una profunda refundación constitucional y la retórica emancipadora de la Quinta República, pero dejó intacto el núcleo fetichista de las relaciones de producción. El capital se mueve de manera constante hacia la nivelación de la tasa de ganancia, diluyendo las fronteras nacionales en su competencia ciega por el beneficio.
La transformación de la dinámica de subordinación e insubordinación laboral en dinero permite que el trabajador acepte un patrón por otro bajo la ilusión del salario, perpetuando la alienación fundamental. La crisis inflacionaria de 2017 y el reciente desenlace forzado de Maduro demuestran que ningún voluntarismo político puede eludir los límites históricos de la forma-valor.
Esta charla fue presentada a iniciativa de las Resistencias UANL
Una versión corta y divertida de esta charla la pueden encontrar en mundanos.media










